Un movimiento, una decisión
Sin apuntar y sin botones. La línea va donde va tu pulgar, y cada metro del campo es una elección: cubrir la cápsula o cubrir el flanco por el que ya se desborda el enjambre.

Resiste hasta la evacuación
Tu pelotón dispara solo. Tú lo arrastras a izquierda y derecha, y en eso consiste el juego: dónde plantarse cuando el enjambre se parte, qué cápsula alcanzar, por qué hueco pasar.
Sin apuntar y sin botones. La línea va donde va tu pulgar, y cada metro del campo es una elección: cubrir la cápsula o cubrir el flanco por el que ya se desborda el enjambre.
Derriba cápsulas de suministro para conseguir refuerzos y mejoras: munición perforante, cadencia, cohetes, un médico, un mecha Goliat. Ocho minutos convierten a un puñado de soldados en un ejército.
Las oleadas llegan cada pocos segundos, las membranas parten la columna, los excavadores cavan bajo la línea y salen a tu espalda. Y luego llega la Reina.
Una partida, ocho minutos, sin puntos de guardado: aguanta hasta la evacuación.
Diez niveles cortos con sus propias oleadas, jefes e historia.
Cuatro tipos de soldados. Nunca apuntas por ellos: solo eliges dónde están.
Fusil y ninguna pregunta. La columna vertebral de la línea.
Lento y bien blindado. Sostiene el flanco cuando el enjambre lo rodea.
Abre caparazones y, con cohetes de fragmentación, todo lo que esté al lado.
Un lanzamiento legendario: un mecha andante que atrae a medio enjambre.
Cinco criaturas y dos jefes. Cada uno plantea un problema distinto, y nunca vienen solos.
Rápido y barato. Solo es peligroso en masa, y masa le sobra.
Las balas resbalan por el caparazón. Los cohetes no.
Marca el suelo con ácido. Sal del círculo rojo.
Cava bajo la línea y sale detrás. No te quedes quieto.
Se acerca y detona. Acaba con él antes de que llegue.
Carga en línea recta por el campo y se lleva la primera fila.
Llama a los excavadores, escupe ácido y golpea el frente. Diez niveles llevan hasta ella.
Diez niveles cortos con un cómic entre ellos: una nave de desembarco sobre la jungla, una colonia muerta, una estación de enlace y algo debajo que debería haber seguido dormido.
Páramo, jungla, colmena y hielo. El suelo cambia; el enjambre, no.
Resiste hasta la evacuación